domingo, 20 de septiembre de 2015

TARDE DE DOMINGO



Crónica del día: Me refugia la penúltima tarde del verano. Centrifuga la lavadora los vestidos que esperarán otro calor en el armario. Me miran los bostezos de las gatas que desperezan su ociosidad. Verso, el gato literato, reclama una puerta abierta. Venus aún duerme sobre su colcha. Zurean las palomas. Trinan los pájaros. Los perros del vecino ladran. Las uvas que no fueron postre se pudren bajo la parra que pide a gritos un otoño. La televisión habla sola. Ella, dormita frente a su aburrimiento. Él está con sus teclados ajeno a la tarde que declina…Yo escribo. Para eso me sirve esta tarde de domingo. Y porque de no hacerlo, le saldría un salpullido a las palabras…
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martes, 15 de septiembre de 2015

ASESINATO CONSENTIDO


Crónica del día: Ya no pueden mis ojos asumir tanta locura. Ni mi estómago digerir el asco que me produce ver las caras de los asesinos... Tordesillas, un pueblo que recrea costumbres del Medievo, que mata a lanzazos un día como hoy, cada año, a un Toro inocente, para divertimento de unos locos afianzados a una tradición inculta, macabra, retrógrada...

La lluvia rompió a llorar en La Vega
cuando las nubes vomitaron vergüenza
sobre la barbarie “divertida” de un pueblo,
que como ritos satánicos ofrece
la sangre de un inocente.

Un joven por primera vez era partícipe
en tan macabra mañana
y su corazón frío como la lanza
ha matado tras de un pino a “Rompesuelas”
que movía la testuz mientras sangraba.

Se decreta nulo el torneo
y no hay vencedor, sino vencido
porque nadie devuelve la vida al Toro
ni entrega el asesino a la justicia.


(imagen del animal, confiado, antes de su trágico final. Las imágenes de su matanza son demasiado fuertes para los gatos de esta casa)




jueves, 3 de septiembre de 2015

JUGUETES ROTOS


Crónica del día. La triste realidad de otra guerra organizada, de diseño, en salones alfombrados y conciencias perdidas. No hay palabras para describir el horror de ver tanto corazón ahogado...


Jugaba en la playa con un cubo de plástico y la mirada inocente sobre la arena. De pronto lo vi. Allí, sobre el agua fría. Roto, en mil pedazos. Corrí a por sus trozos mientras el mar se hizo un amasijo en mi piel llena de sal y lágrimas. Como la niña que era lloré ante un muñeco que no tenía corazón, pero cuyos ojos se clavaron en mí con  la última mirada de juguete que le quedaba. Tuve miedo y devolví los trozos al agua... Fui hacia mi madre que dormitaba al sopor de la tarde y, atemorizada, me hice un ovillo a sus pies, sobre la toalla…Me dormí, herida por más muñecos rotos que aparecieron sobre las aguas.  Al despertar tenía más miedo todavía…Allí, sobre el mar que bramaba odio, había niños, demasiados niños…Un mar de niños de corazón ahogado y lloré. Toda la tarde lloré. Seguí llorando la noche y aún no he podido parar. Aunque no tenga lágrimas. Ni palabras.